Juuni Taisen Capítulo 1; La primera batalla. Parte 1/3

La primera batalla

 Nombre real: Toshiko INŌ

Fecha de Nacimiento: 4 de abril

Altura: 176 cm

Peso: 60 kg

Toshiko es la heredera de una distinguida familia con una historia que se remonta a más de tres siglos atrás. Creció atrapada entre su padre, cuyo estilo de crianza era tan severo que algunos lo llamarían abusivo, y su madre, que llevó la palabra cariño a nuevos extremos. Con el tiempo, Toshiko aprendió a cumplir con las expectativas de ambos en igual medida. Cuando era niña, todo su interés se centraba en averiguar qué querían los adultos de ella, y una vez que llegó a la adultez, se convirtió en un espíritu libre, especialmente cuando se trataba del único asunto que sus padres le habían negado rígidamente: el romance.

Originalmente, su hermana, cinco años mayor que ella, se había ganado el derecho de participar en la Duodécima Guerra del Zodiaco, pero en la culminación de un plan de doce años, Toshiko mató a su hermana y reclamó la invitación para ella.

Las armas que eligió fueron dos ametralladoras, una para cada mano, llamadas Aishū e Inochigoi. Está bien versada en armamento pesado, y no era algo demasiado pesado como para no poder utilizarlos, pero esos dos en particular los maneja como si fueran extensiones de su propio cuerpo.

Actualmente está en relaciones con doce hombres diferentes, pero todavía está buscando estar con más.

 

Parte 1

 

Inōnoshishi, la Guerrera del Jabalí, entró en el rascacielos abandonado cerca del centro de la ciudad fantasma, y pensó: Oh Míque sea un abandonado, este lugar es muy original. Era inusual, sí, pero no inesperado. Hasta hace muy poco tiempo, el edificio no había sido abandonado, y la ciudad no había sido una ciudad fantasma. Por el mero propósito de celebrar la Duodécima Guerra del Zodiaco, y sin ninguna otra razón, los organizadores de la batalla habían vaciado una ciudad entera. Jabalí pensó, con cierta tristeza: ni siquiera mi estimada familia puede ejercer el poder de eliminar fácilmente toda una región metropolitana de quinientos mil habitantes en una sola noche.

Tales eran los pensamientos de Jabalí mientras atravesaba el edificio con gracia, siempre con gracia y elegancia. El tiempo escrito en la invitación había pasado hacía mucho tiempo, pero esa no era razón para que se diera prisa. Por el contrario, tenía una profunda convicción de que el deber de la clase alta era hacer que los demás esperaran por ellos. Además, pensó, ¿no es una tradición que el jabalí aparezca último? La victoria del anterior Jabalí me convierte, en esencia, en el campeón defensor, y no debo comportarme de manera impropia.

Ella apretó sus dedos alrededor de las empuñaduras de las ametralladoras que sostenía en cada mano. Ella estaba decidida y lista para matar. A Jabalí se le había enseñado a dejar sus manos libres y listas para moverse en caso de cualquier contingencia, pero ella adaptó esa lección a su propia manera. Si ella estuviera preparada para cualquier situación imprevista, ¿no era mejor tener un arma en cada mano?

Ella no llevaba ahora estas dos ametralladoras masivas solo para esta ocasión. Aishū e Inochigoi, Lost Love y No Mercy [1], siempre estuvieron con ella. Incluso se le había otorgado una dispensa legal [2] para llevarlas en todo momento. Si alguien la denunciara a la policía, esa misma persona sería arrestada, y no ella. Tal era su valor como heredera de la gran familia Inō. 

No es como si alguno de los guerreros que se reúnen aquí hoy pueda ser fácilmente intimidado, pensó. ¿O lo harán?

En esencia, Jabalí estaba exactamente dentro del grupo de los que actuaban: altivos y dominantes, generalmente desagradables e indignos. Pero ella no era tonta, ni era imprudente. No estaba dispuesta a encerrarse en el espacio cerrado de un ascensor durante medio minuto o más. En su lugar, opto por tomar las escaleras, y mientras ascendía los 150 escalones, nunca dejó de refinar sus planes de batalla. Que ella necesitaba ganar era un hecho; lo que importaba era lograr esa victoria con elegancia. Una victoria ganada a través del sudor era lo mismo que perder. Sus pensamientos estaban exclusivamente ocupados con la forma de matar a sus formidables once adversarios con la mejor perfección, de acuerdo con su venerable linaje.

El último piso se abría hacia un gran espacio aparentemente diseñado para ofrecer una vista del paisaje nocturno por debajo de ellos. Al entrar dentro del piso de observación, Jabalí anunció: “Buenas noches a todos. Confío en que su espera haya sido agradable. Yo soy Jabalí”.

La vista podría haber sido algo hace unos días, pero la distante ciudad fantasma debajo de ellos ahora solo ofrecía oscuridad total. Mientras que jabalí ciertamente sabía cómo apreciar al mirar hacia abajo, el sombrío vacío ni siquiera merecía escatimar una sola mirada. Además, algo mucho más importante era evaluar a los once guerreros, ya presentes, con quienes estaba a punto de participar en un combate mortal. Ninguno se levantó para recibirla, y ninguna respuesta recibió su saludo. Por el contrario, los luchadores se habían dispersado por toda la sala para mantenerse lo más separados posible entre ellos. Una mesa ubicada en el centro del espacio ofrecía un buffet extravagante, como si se tratara de una cena elegante, pero nadie estaba comiendo, y nadie estaba conversando. La atmósfera era tan poderosamente opresiva que una persona promedio podría ceder bajo la presión de estar allí. Pero para jabalí, esa sensación era algo que había que saborear, y se lamió ligeramente los labios como para probarlo.

Hay muchas más caras familiares de lo que esperaba, pensó. Mientras examinaba a sus adversarios, su expresión permaneció en blanco, a excepción de la leve sonrisa que mantenía en su estado. Buey … y cabra. Gallo y perro. Ah, y, nunca la había visto en persona, pero ella debe ser Tigre. Y ahí está Mono. Bueno, supongo que esa desagradable mujer estaba destinada a estar aquí. Ahora, ese niño durmiendo contra la pared… él, no sé.

Entonces notó la cabeza cortada, el muñón del cuello rojo oscuro [3]; debe haber sido cortado con una cuchilla muy afilada. Sin dejar que la sorpresa alcanzara su expresión, ella solo movió sus ojos y buscó el cuerpo correspondiente, encontrándolo de inmediato, ya que también había sido descartado casualmente en el piso. No había arte para apreciar a la vista, solo una cabeza cortada y un cadáver derribado. jabalí había pensado que el estado de ánimo de la sala parecía pesado, incluso teniendo en cuenta los asesinatos que pronto comenzarían, y al parecer, esta era la causa.

Parece que un guerrero fue tan descuidado que lo mataron antes de que empezáramos. Aparentemente, algo había caído antes de que ella llegara. Echó un vistazo valientemente al hombre extraño que estaba más cerca del cadáver.

“¿Hmm?”, Dijo el hombre, inclinando la cabeza como si solo la llegada de Jabalí hubiera llamado su atención. “Yo no lo hice. No fui yo. No acuses a alguien cuando no tienes ninguna prueba”.

Él la señaló con una gran cuchilla que estaba empapada de sangre, ese gesto demasiado informal era suficiente para ser considerada una amenaza. Era como si pretendiera apuntar con un dedo hacia ella, cuando su mano simplemente estaba sosteniendo una espada. Para este hombre, señalar con un dedo y señalar con una espada era lo mismo. Ya que Jabalí consideraba que sus ametralladoras eran solo otra parte de su cuerpo, los dos guerreros compartían ese entendimiento en común, aunque de otro modo. Otra convergencia inquietante vino de la segunda espada que sostenía en su otra mano. Eran parecidas a dos hachas de hojas largas, las armas gemelas poseían un tamaño, diseño y amenaza por igual. Dos espadas, se enfrentan contra dos ametralladoras.

No es que esto sugiera que los dos luchadores compartieran esa afinidad. Su segunda espada aún era prístina, pero intuía que, si se acercaba más a ella, el no dudaría en pintar ese metal con un rojo brillante para hacer juego.

¿Pruebas? Pensó jabalí. Estoy bastante segura de que la espada llena de sangre es prueba suficiente. Antes de que ella pudiera decidir si el hombre intentaba provocarla o si simplemente estaba loco, una voz habló.

“Bienvenidos, Guerreros”.

Un anciano con sombrero de seda estaba parado con su espalda arrinconada frente a la ventana. Ningún sonido había delatado su llegada. Sin puertas abiertas, sin pasos, era como si hubiera estado allí todo el tiempo. Todas las miradas se dirigieron hacia él, salvo las del chico dormido, que no mostraba signos de despertar.

“Ahora que todos han llegado”, continuó el anciano, “comenzaremos la Duodécima Guerra del Zodiaco. ¡Todos, aplaudan! ”

Él aplaudió muy animadamente. Lo que seguramente no era nada sorprendente, fue que ninguno de los combatientes se le unió.

Sin inmutarse por la fría recepción, el hombre continuó. “Soy Duodecuple, y me han dado el honor de ser su árbitro para esta gran batalla. Encantado de conocerlos”.

Mostrando una imagen de humildad y respeto, Duodecuple ofreció una profunda reverencia.

Bueno, no creo que en algún momento pueda pronunciar bien ese nombre, pensó Jabalí, por el contrario, no estaba interesada en la llegada de esa persona. Había interrumpido -y estropeado- el momento tenso entre ella y el hombre que empuñaba las dos espadas, que ahora parecía haberse olvidado de ella y, en cambio, estaba mirando a Duodecuple con un extraño brillo en sus ojos. El resto podrían haber tomado el comportamiento del espadachín como el de alguien absorto en algo, pero Jabalí lo sabía mejor que nadie: estaba tratando de decidir si podía o no matar al anciano en el acto.

En ese caso, pensó Jabalí, él determina amigo y enemigo según quién puede y no puede matar. Sorpresa, sorpresa. Pensé que sería la única aquí que pensaba de esa manera.

Se preguntó si el viejo detectaría la amenaza escondida en la mirada del espadachín.

Duodecuple dijo: “Sin más preámbulos, repasemos las reglas, ¿de acuerdo? Si lo desean, dirijan su atención a la mesa central”.

De alguna manera, la mesa había sido limpiada y la comida reemplazada por doce orbes negros como joyas. Turbio, pero hermoso. Cada joya era idéntica en tamaño, color, entre otras cosas, pero la importancia de su número doce no pasó desapercibida de Jabalí.

“Todos”, dijo el juez, “por favor, tome uno cada uno”.

Manteniendo sus ojos el uno del otro, los doce guerreros se acercaron a la mesa para recoger sus orbes.

Aunque, no todos entre los doce que permanecían quietos estaban muertos, obviamente, y el que dormía también.

Si ese chico no se despierta, pensó Jabalí, simplemente perderá por default.

Pero para su sorpresa, un Guerrero lo sacudió para despertarlo luego de haber reclamado su orbe.

Veo que todavía te niegas a ocuparte de tus propios asuntos, Mono.

Mono y Jabalí no habían compartido el mismo campo de batalla desde hacer mucho tiempo, pero aparentemente la racha de entrometida de la mujer no había cambiado. Después de su último encuentro, Jabalí pensó que la próxima vez que se conocieran, una de ellas moriría, y las circunstancias actuales exigían que no hacía falta replantearse ese sentimiento.

El negro turbio de la joya parecía más oscuro de cerca. Rodando su joya entre sus dedos, Jabalí pensó: Lo que me sorprende es que, con todos estos guerreros y todas sus aparentes peculiaridades, especialmente el que es más peligroso, ella echó un vistazo al hombre que empuñaba la espada, cada uno sigue al pie de la letra las instrucciones de este supuesto juez, un hombre que nunca hemos visto o escuchado antes. Supongo que eso solo demuestra cuán importante es el evento de esta Guerra del Zodíaco. Quiero decir, sabía que entraría, pero uno realmente no puede comprenderlo hasta que uno esté aquí.

Sin una palabra simbólica de agradecimiento a Mono, el niño despierto reclamó soñoliento su orbe. Ahora solo uno quedó sin reclamar.

“Oye, pequeño Señor juez”, dijo un guerrero, levantando la mano. “Ya que sobra el orbe de mi hermano, no veo que haya ningún problema en que lo tome, ¿verdad?”

Cuando Jabalí dirigió su atención al rostro del hombre que tan descaradamente intentaba ganarle la competencia, lo que vio la sobresaltó. Su cara era casi idéntica a la de la cabeza cortada, que a estas alturas ya no recibía alguna atención especial. Había diferencias en la expresión, por supuesto -uno estaba animado y el otro congelado en una mueca por una muerte angustiada- pero una vez visto, las similitudes eran inconfundibles.

¿Eran gemelos? Jabalí se preguntó. Ambos tenían tanques de aspecto similar atados a sus espaldas, quizás algún tipo de arma. Guerreros gemelos … ¿Podrían ser estos criminales, los Hermanos Tatsumi?

Aunque algunos podrían haberse sentido ofendidos por el hombre que se preocupaba más por el valor de las joyas que por la muerte de su hermano gemelo, la respuesta de Duodecuple fue plácida. “Por favor adelante. No me importa. Tómalo.”

El gemelo recogió el orbe que había estado destinado a su hermano con una risa victoriosa. “¿Qué hay sobre eso?” -golpe-.

“Sin embargo,” continuó Duodecuple. “Te voy a tener que pedir que tragues solo uno”.

“Espera, ¿qué? ¿Tragarla? ¿A esta cosa?”

“Sí. Y eso va para todos ustedes. Por favor traguen sus joyas, sin morderlas, entiéndalo. Se ha proporcionado agua en caso de que la necesites “.

Jabalí vaciló, no porque deseara su joya por su valor (nunca había querido dinero), pero el tamaño de esa cosa la detuvo por un momento. Pero cuando el espadachín se tragó el suyo, seguido por el joven dormido, y luego Mono, Jabalí sintió que no era momento de ser indecisa. Esta batalla podría haber estado por comenzar, pero la verdad es que ya lo había hecho. Cualquier signo de miedo la designaría como el primer objetivo. Además, su orgullo no permitiría tal exhibición pública de cobardía.

“¿Todos se han tragado sus joyas?” Preguntó Duodecuple, inspeccionando la habitación. “Está bien, déjenme explicar lo que era. Esos pequeños orbes son una especie de veneno cristalizado. Los llamamos gemas de bestia. Cuando son ingeridos por un humano, experimentan una reacción química única con el ácido gástrico y se vuelven fatales en aproximadamente doce horas “.

Esto podría haber sido un anuncio impactante, pero de los once guerreros, ninguno reaccionó con sorpresa. Tan pronto como les dijeron que se tragaran las joyas, si no fue antes, todos habían reconocido que las gemas no estaban allí para mejorar su salud. Jabalí no había descubierto que el cristal insípido era veneno, pero cuando llegó la revelación, sus pensamientos estaban en la línea de: Sí, eso tiene sentido. En todo caso, fue decepcionante.

El gemelo que había reclamado el orbe libre de su hermano dijo: “Maldición, no voy a poder obtener dinero por un veneno”, pero aún se lo guardó con un movimiento astuto que desmentía su fachada superficial.

Duodecuple continuó, “Las joyas han sido hechas de tal manera que la regurgitación es imposible. Mis más sinceras disculpas por las molestias. Ahora que ese terminamos con ese tema, repasemos las reglas básicas. No las repetiré, así que por favor escuchen atentamente. Dicho esto, las reglas se han simplificado esta vez, y no debería haber lugar para la confusión. La Undécima Guerra del Zodiaco se había vuelto un poco demasiado complicada, y no pudimos reconocer cuando habíamos cometido un error”.

 

♦♦♦♦♦

 

“El Guerrero que recolecte los doce orbes será el vencedor y se le otorgará un solo deseo, cualquier deseo”.

Simple de hecho. Pero dejó espacio a muchas preguntas. Ya sea que Jabalí quisiera o no hacer las preguntas, ella no estaba segura. De ser posible, le hubiera gustado observar a los otros guerreros preguntar, dependiendo de quién hacia o que hayan planteado en las preguntas, podría ser capaz de obtener información crucial sobre sus adversarios para el próximo combate a muerte. Ahora mismo tenía la oportunidad de poder descubrir algo sobre la naturaleza de los guerreros que aún no conocía.

Desafortunadamente, la primera pregunta provino de un luchador que ella ya conocía bien, Buey.

Bueno, ¿qué guerrero no sabría “lo natural”?

“Sr. Duodecuple,”dijo Buey, pronunciando correctamente el nombre del juez,”si todos tomamos veneno, ¿no significa eso que, incluso si ganamos o perdemos, todos vamos a morir?”

Buey era un hombre claramente malhumorado con cabello negro casi tanto como el, y sin duda era un favorito para ganar. Jabalí pensaba que era tonto por hacer esa pregunta tan pronto como se le ocurrió, sin importarle la estrategia. Por otro lado, nunca había necesitado recurrir al engaño para ganar una batalla.

“Una pregunta obvia”, respondió Duodecuple. “Espero que la respuesta obvia sea suficiente. No necesitas preocuparte. El vencedor recibirá el antídoto. Considéralo un premio extra”.

En otras palabras, era ganar o morir. Y no solo eso, sino que convertirse en el único superviviente no era suficiente por sí mismo: la victoria completa tenía que lograrse en doce horas, o el antídoto podría ingerirse demasiado tarde. Si alguien iba a sobrevivir a esta batalla, él o ella necesitaba asegurar la victoria dentro del tiempo asignado. Teniendo en cuenta el calibre de los guerreros elegidos, esta no iba a ser una tarea sencilla.

Pero ese no es el verdadero problema

Como si esperara a que terminara el pensamiento de Jabalí, Buey preguntó: “Dijiste que los orbes reaccionan al ácido del estómago, ¿verdad? ¿Eso significa que se disolverán en nuestros estómagos?

“Eso es correcto”, respondió el juez, “y astuto también. La tasa exacta de absorción varia ligeramente de persona a persona, pero el proceso es unidireccional y absoluto. A medida que se acerca el límite de tiempo, las joyas comenzarán a reducirse y eventualmente desaparecerán “.

Si el veneno se disuelve por completo en el estómago de un solo guerrero, nadie podría ser el vencedor. No importa cómo lo cuentes, once orbes no serán suficientes.

“¿Puedo agregar otra pregunta?”

Era cabra quien había hablado ahora. Era un anciano pequeño, y desafortunadamente para Jabalí, otro luchador que ya conocía, aunque ella había entendido que estaba retirado.

Él podría ser más viejo que incluso Duode… quien sea, pensó Jabalí, su monólogo interno tropezó con el nombre del juez. Cabra es prácticamente una leyenda. No solo asumí que se había retirado, sino que casi esperaba que ya estuviera muerto. Odio quejarme, pero su presencia aquí va a ser un problema.

Cabra continuó, “Mi estilo de combate es… ¿cómo podría decirlo? Un poco feroz, diría yo. Este no es el momento o el lugar para mostrar mis habilidades, por supuesto, pero ya ves, he venido preparado para utilizar explosivos de alta potencia, en caso de necesidad. Por supuesto, intentaré evitar tales ocasiones, pero ¿qué sucede si, contrariamente a mis intenciones, destruyo un orbe en el proceso de obtenerlo?”

Ya que supuestamente no mostraba sus habilidades, el anciano había cambiado de tema para dejar en claro que tenía explosivos. Ocultar el intento de intimidar a los otros combatientes detrás de una pregunta era una estratagema astuta de la actuación de un veterano.

Eso es exactamente lo que desprecio de él. Pero también podría hacer la pregunta sobre mis ametralladoras. La munición podría romper fácilmente tales joyas.

“No tengan miedo”, dijo el juez. “Las gemas de veneno solo reaccionarán con el fresco ácido estomacal humano. Nada más puede dañarlos, no importa cuán destructiva sea la fuerza física. Si lo desea, puede probarlo usted mismo”.

“No, no”, dijo Cabra. “No hay necesidad de eso. Su palabra es suficientemente para mí “. No era necesario insistir en el problema: su pregunta había logrado su propósito real. Además, esta era la Guerra del Zodíaco, y sus combatientes traerían una gran variedad de fuerzas destructivas más allá de los explosivos y las balas. Los organizadores no podrían haber preparado gemas tan fáciles de romper.

“Tengo una última pregunta”, dijo Buey, reclamando el control de la discusión. “Todos hemos ingerido estas pequeñas y duras gemas en nuestros cuerpos. ¿Cómo se supone que debemos tomarlas ahora?”

Duodecuple respondió: “Dejo el método a la altura de tus propias capacidades y juicios, pero si ofrezco una sugerencia, creo que abrir el estómago sería la solución más simple”.

 

 

 


Notas de Traducción:

[1] Lost Love y No Mercy: significan “Amor perdido” y “Sin piedad”

[2] Una dispensa legal es el acto administrativo por virtud del cual se exonera a un particular (persona/s) de la obligación de cumplir una ley de carácter general o de satisfacer un requisito legal. (básicamente, dice que le están haciendo la vista gorda).

[3 ]Muñon es el Extremo de un miembro del cuerpo después de haber sido cortado o amputado dicho miembro.

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