Grimgar Vol 7, Capitulo 13: “Revelación”

Antes de partir, Haruhiro y los demás escucharon los consejos del Sr. Unjo, o mejor dicho sus instrucciones, e hicieron los preparativos correspondientes.

La ciudad de Herbesit se encontraba al oeste de la aldea del pozo, con un viaje de tres días a pie. Durante el trayecto, tendrán que acampar en el bosque. Eran pocos los yegyorns que había mencionado en el bosque del oeste, pero había una colonia de gaugais (inuzarus) en esa área. También había varios carnívoros y omnívoros salvajes, así como los durzoi -que al parecer significa “ancianos “, o algo así-, una raza humanoide que tenía cuatro brazos.

Según el Sr. Unjo, los durzoi eran cazadores orgullosos, que se dedicaban principalmente a la caza de grandes bestias carnívoras llamadas vaguls. Si un grupo robaba su presa, se convertían en un enemigo vengativo y peligroso, pero siempre y cuando no perjudicaran sus intereses, se mantendrían en gran medida apacibles. Aún así, el equipo tendrá que tener cuidado con esos vaguls, así como con otras bestias como siddas, wepongs y gaugais. Cada una de esas bestias utiliza diferentes estrategias, y serán inteligentes a la hora de aprovechar cualquier oportunidad.

Había un método que les permitía evitar a la mayoría de las bestias, y esa era una campana como la que estaba en la carreta del carbonero.

Pudieron comprar una campana repelente de bestias en la herrería. No fue barato. Costó 20 rumas, pero aparentemente era necesario para atravesar el bosque, así que probablemente valía la pena.

En el bosque de la zona oeste, básicamente tenían que hacer sonar la campana repelente de bestias en todo momento. Naturalmente, el Sr. Unjo tenía su propia campana, pero les dijo que sería difícil atravesar el bosque solo. Tener compañeros haría el viaje más fácil.

Cuando tenía que acostarse para descansar, otros se turnaban para tocar la campana.

Además, aunque no eran una amenaza tan grande como los yegyorns, el bosque también era el hogar de insectos venenosos y serpientes, así que era mejor no exponer la piel mientras dormían.

Haruhiro y los demás compraron tela gruesa de la tienda de ropa y bolsos para hacer carpas. También hicieron ropa interior nueva con una tela que era cómoda para la piel. Consiguieron comida perseverada y velas en la tienda de comida. También compraron aceite hecho de alguna clase de planta.

Haruhiro y los demás habían estado tratando a la tienda de Oubu, como una tienda general, pero resultó que la verdadera tienda general de la Aldea del Pozo era la tienda de comida del cangrejo gigante.

Con todo eso hecho, el grupo siguió al Sr. Unjo y abandonaron la Aldea del Pozo.

Primero siguieron el sendero con las huellas de las carretas hasta la casa del carbonero. Pero el camino no terminaba ahí. Haruhiro y los demás ya lo habían considerado antes. Si continuaran avanzando, ¿a dónde llegarían? Según el Sr. Unjo, el camino eventualmente llegaba a una intersección de tres esquinas.

El Sr. Unjo lideró el camino, con su campana repelente de bestias colgando de su mochila, así que por ahora, todo lo que Haruhiro y los demás tenían que hacer era seguirlo. Mientras tuvieran la campana del Sr. Unjo, tal vez no necesitaban tener una campana. Ese pensamiento cruzó por sus mentes, pero eso sería depender demasiado de un extraño.

El carbonero, que se veía idéntico al herrero de la Aldea del Pozo, estaba haciendo algún tipo de trabajo en su caldera de carbón. Aparentemente, el Sr. Unjo también estaba familiarizado con el carbonero, porque tuvieron una agradable conversación antes de que ordenara a Haruhiro y a los demás que descansaran aquí.

“No hay un lugar más seguro en este bosque que este”, les dijo el Sr. Unjo. “No hay hombre más amistoso que él más allá de este lugar. Cuando lo entiendas, descansa tranquilo”.

Por la forma en que habló el Sr. Unjo, la gente de Herbesit podría no ser necesariamente amistosa.

Haruhiro estaba un 99% preocupado, pero ese último 1% de esperanza fue lo que le impidió dar marcha atrás. Haruhiro y los demás debían averiguarlo. Y no sólo por oírlo, tenían que descubrirlo personalmente. Ver era creer. Había cosas que no podían entender hasta que las veían y las experimentaran consigo mismos. Sería un error actuar en base a información que sólo habían escuchado de otros. Y más aún si se trataba de una decisión que iba a afectar su futuro.

Luego de tomar un breve descanso, el Sr. Unjo los presionó para que partieran. Todo lo que había más allá de la choza del carbonero era un mundo nuevo y desconocido para Haruhiro y los demás. Estaban tensos, pero el Sr. Unjo caminaba rápido, sin que nada sucediese. Parecía que la campana repelente de bestias estaba haciendo un gran trabajo.

Mientras estaban en el bosque, no podían ver la distante cresta. Sin embargo, el cielo seguía un poco iluminado, por lo que podían distinguir el día de la noche.
El equipo llegó al cruce de las tres esquinas ese mismo día. El Sr. Unjo eligió el camino que conduce al suroeste. Dijo que si iban al noroeste, llegarían a unas montañas muy empinadas. A lo lejos, se podían observar las siluetas de las montañas.
El camino cubierto por las huellas de los carros no había sido trazado por el carbonero, al parecer era algo que existía desde hacía mucho tiempo. Lo mismo ocurría con la caldera de carbón, ya que había existido otra caldera antes que la actual.

Según las placas de arcilla y piedra, incluso después de que Lumiaris y Skullhell se hubieran marchado, durante mucho tiempo la guerra había continuado en Darunggar entre las fuerzas de la Diosa de la Luz y las fuerzas del Dios Oscuro. En otras palabras, entre las fuerzas de la luz y la oscuridad. Con Darunggar firmemente dividido en dos bandos, no habían sido capaces de reconciliarse ni siquiera después de que sus líderes se hubieran marchado.

Ese trágico conflicto se prolongaba, increíblemente, hasta el día de hoy. Por ejemplo, los muertos eran descendientes de los seguidores de Skullhell, y se mataban y devoraban los unos a los otros, rezando por la eventual destrucción de todo. La gente reunida en la Aldea del Pozo eran descendientes de aquellos que habían seguido a Lumiaris, y transmitían historias del día en que Lumiaris regresaría, trayendo luz al oscuro Darunggar. Por otra parte, pensaban que era meramente una leyenda, como lo era la predicción de que el mundo terminaría en la oscuridad. Su adoración de la muñeca Kinuko y de objetos de otro mundo podría haber sido una manifestación de esos sentimientos retorcidos.

Según el Sr. Unjo, tras haber descifrado las placas, al parecer ciertas razas habían construido reinos, y algunos elementales de las facciones de la oscuridad y la luz se habían reconciliado para formar espacios de vida compartidos en el pasado. Sin embargo, estaba garantizado que todo grupo mayor a una aldea o ciudad se desmoronaría bajo presiones internas o externas. Cada vez que un rey que utilizaba su liderazgo para construir un país moría, o era asesinado, su territorio se convertía rápidamente en una guerra civil, y todo se convertía en ruinas.

Darunggar aparentemente significaba algo así como “la tierra de la desesperación”. Sin embargo, este mundo no siempre ha sido conocido con ese nombre. Originalmente, había sido Fanangar (paraíso) gobernado por Enos (un dios). Cuando Enos se dividió en los incompatibles Lumiaris y Skullhell, se convirtió en Jidgar (campo de batalla). Una vez abandonado por ambos dioses, los cielos y la tierra se vieron envueltos por la desesperación.

Siguieron las huellas de las carretas a través del profundo bosque. Aún no había señales de alguna bestia. Estaban agradecidos con las campanas que repelen a las bestias por eso. Al caer la noche, Haruhiro sintió que alguien lo miraba. Cuando le informó al Sr. Unjo, le dijo que era un durzoi.

“En estos bosques, sucede todo el tiempo”, les dijo el Sr. Unjo. “No intentes buscarlos. Nunca los encontrarás. Si se vuelven hostiles, serás el objetivo. Nada bueno saldrá de ello.”

Haruhiro probablemente podría haber hecho lo que dijo el Sr. Unjo y no dejar que eso le molestara. Pero, honestamente, se lo pregunto.

Se había vuelto tarde en la noche, así que armaron sus carpas y durmieron por turnos mientras hacían sonar las campanas que repelían a las bestias. No lo notó cuando estaba dentro de la carpa, pero cuando estaba en su turno afuera como campanero, algunas veces se sentía extrañamente inquieto.

Los monstruos también hacían ruidos de vez en cuando. Eso tenía que ser intencional. Los cazadores durzoi eligieron hacer ruido para ver lo que él hacía. Si Haruhiro actuaba de forma hostil, una flecha podría venir volando hacia él inmediatamente. Los durzoi podrían estar más cerca de lo que imaginaba. Podría darse la vuelta y encontrarlos allí mismo, sólo para terminar con su vida en el momento siguiente. No podía negar que era una posibilidad.

O quizás se estaban divirtiendo asustando al equipo y poniéndolos en guardia….
Haruhiro no logró dormir bien, pero cuando llegó la mañana, dejó de sentir la presencia de los durzoi.

Se han ido, eh, pensó. No, no hay forma de estar seguro de eso. No puedo bajar la guardia. ¿O tal vez estoy pensando demasiado en esto?

“Si sigues preocupándote así, uno de estos días te quedarás calvo”. Ranta se rió despreciativamente.

Haruhiro se enojó, pero el hecho de darle a Ranta ese momento sólo empeoraría las cosas, así que dijo: “Sí, sí…” y lo dejó pasar. Pero entonces ese pedazo de basura de Ranta se asomó al oído de Haruhiro y susurró, “C-A-L-V-O, ¿está bien?”

Si Ranta pudiera haber desaparecido en lugar del durzoi. En realidad, ojalá pudiera cambiar a Ranta por un durzoi para el equipo.

Mientras pensaba eso, descubrió que su miedo e inquietud hacia el durzoi se aliviaba. Incluso la basura podría ser útil para algo de vez en cuando.

Hubo un incidente ese mismo día, cuando el cielo comenzó a oscurecer. Había algo obstruyendo el camino que tenían delante. Peor aún, fuera lo que fuera esa cosa, se estaba moviendo. No, quizás “retorciendo” sería la mejor palabra para describirlo.
Eran criaturas largas y delgadas. Había un gran número de ellos. Un número increíble.

A primera vista, parecían… como entrañas. Intestinos, ¿quizás? Si hiciera una comparación más razonable, serían como gusanos. Intestinos que eran tan gruesos como su muñeca. No, gusanos. Había una gran masa de ellos, y estaban bloqueando el camino de la carreta.

“…¿Qué son esas cosas?” Preguntó Kuzaku con voz ronca.

Sorprendentemente, el Sr. Unjo agitó la cabeza. “Quién sabe”.

“Eek…” Shihoru soltó un pequeño gemido y retrocedió. Fue fácil entender por qué se sentía así.

“T-Todo estará bien, ¿de acuerdo?” Yume miró a Haruhiro. “… ¿Crees que estará bien, verdad?”

No me preguntes a mí, él quería decirlo, pero se contuvo. “…Bueno, no lo sé.”

“¡Parupiro!” Ranta golpeó a Haruhiro en la espalda. “¡Vamos! ¡Salta sobre ellos! Hazlo, y sabremos si es seguro o no. ¡Hazlo! ¡Tú eres el líder, hombre! ¡Vamos!”

“No, no te pongas así.” Merry daba miedo en momentos como este. “¿Por qué no saltas en su lugar? Todos estaríamos en problemas si algo le pasara a Haru.”

“¿Qué, y no te importa lo que me pase? ¡Será demasiado tarde para arrepentirse una vez que me haya ido! ¡¿Alguna vez pensaste en eso antes de hablar, ¡¿eh?! ¿Entiendes bien mi grandeza, lo especial que soy, mis contribuciones y mi potencial futuro?”

“Oh, sí, eres especial, Ranta-kun,” dijo Kuzaku.

“¡Kuzacky! ¡Bien, bien, bien! ¡Sabia que lo entenderías! ¡No eres sólo un bastardo después de todo! ¡Tienes que ser como un bastardo de nivel 2 o algo así! No, ¡¿quizás incluso nivel 3?!”

“No es un gran cumplido…”

“Te estoy alabando. ¿Ni siquiera puedes notarlo, idiota? Honestamente, ¿sólo eres alto y nada de cerebro? Por eso eres un cabeza de chorlito, ¿eh? Ahaha! ¡Eso tiene sentido!”

” Hey”. De repente, el Sr. Unjo agarró a Ranta por el cuello y empezó a arrastrarlo.

“¡¿Q-Qué?! ¡¿Qué?! ¡¿Qué está pasando?! Whoa, ¿Unjo-san? ¡¿Quiero decir, Unjo-sama?! ¡¿Qué, qué?! ¡¿P-Para?! Whoa! Eso es, wahh-”

El Sr. Unjo era fuerte. Fácilmente arrastró a Ranta con un brazo, y luego lo arrojó en medio del bulto de gusanos gigantes o intestinos en movimiento.

“¡Nooooooooooooooooo…!” Ranta aterrizó de espaldas en medio del enjambre. “Gwahhhhhhhhhhhhhhhhh…”

Sucedió en un instante. Ranta fue engullido por los gusanos gigantes o intestinos en movimiento, y el equipo lo perdió de vista. Si Zodiac-kun estuviera aquí, ¿qué tipo de comentario estaría dando el demonio? No, no era el momento de pensar en eso…

¿Tal vez? ¿Creo que…?

“¿”R-Ranta…”? Preguntó Haruhiro con dudas.

“¡¿Bwahhhhhhhhhhhhh?!” Ranta saltó del centro de los gusanos gigantes. Aún había gusanos alrededor de su cuello, brazos, piernas y torso, tratando de jalarlo hacia adentro. Ranta luchó. “¡Me estoy muriendo! Me estoy muriendo aquí, ¡sálvame! ¡Voy a morir! S-Salvameeeeeeeeeeeeee!”

“Si tenemos que…” Murmuró Kuzaku, extendiendo su largo brazo para rescatar a Ranta.

Era lo más varonil que podía hacer. Haruhiro estaba impresionado. ¿Pero no era peligroso? Justo cuando Haruhiro estaba preocupado, los gusanos gigantes atacaron tanto a Kuzaku como a Ranta.

“Wah! Oh, mierda!” Gritó Kuzaku.

“¡Dark!” Shihoru invocó al elemental llamado Dark, e hizo que se sumergiese en los gusanos gigantes. Eso ahuyentó a algunos, quizás hasta algunas docenas de ellos, pero no era suficiente.

Si hubiese sido Ranta, Haruhiro podría haberlo abandonado, pero ahora incluso Kuzaku estaba atrapado entre ellos, por lo que no tuvo más remedio que salvarlos. Al final, todos, excepto el Sr. Unjo, tuvieron que ayudar a quitarles uno por uno los gusanos gigantes que habían capturado a Ranta y Kuzaku. Luego se alejaron de ese lugar por un rato, esperando a que los gusanos gigantes terminaran de cruzar la carretera. Cuando llegó la mañana, los extraños cuerpos que se retorcían habían desaparecido por completo.

¿Qué eran esas cosas?

Pensar en ello no le daría ninguna respuesta. Tomando una nota mental de que cosas así podían pasar, caminaron durante una cuarta parte del día, hasta que el bosque se terminó repentinamente.

El camino de tierra continuó, con una bajada gradual. Había una ciudad extendiéndose al otro lado de ella. Aunque estaba medio derrumbada, aún existía una muralla defensiva a su alrededor. A primera vista, tenía un kilómetro de ancho… no, mucho más que eso. Parecía un kilómetro y medio por cada lado.

Estaba iluminada. Estas eran las luces de la ciudad. Sin duda, había cientos, posiblemente miles de personas viviendo en esta ciudad. Podían ver claramente las figuras de algunas personas caminando por sus principales calles. Se veía como si hubiesen muchos edificios de piedra. Los edificios eran de un piso, dos pisos, tres pisos e incluso aún más altos. Había un gran número de torres que se alzaban hacia el cielo.

El viento sopló súbitamente, y los árboles en el bosque crujieron. Poco después, oyeron el sonido de una campana. Era diferente de las campanas que repelían a las bestias que llevaban el Sr. Unjo y el equipo de Haruhiro. Era un sonido mayor, más pesado y de alguna manera triste. Probablemente había un campanario en algún lugar de la ciudad, y su campana ondeaba con el viento. Una de esas torres podría ser un campanario.

“Esta es la ciudad de Herbesit.” El Sr. Unjo, que estaba a la cabeza del grupo, se quitó el sombrero de trenza. “No escondan sus caras en Herbesit. Pero tampoco miren a la gente a los ojos. Sería tomado como un desafío. Si los provocan, ignórenlos. A la gente de esa ciudad le encanta pelear. Si no quieren conflictos, agachen la cabeza y no hagan ruido. Si quieren luchar hasta la muerte, entonces será diferente. Hagan lo que quieran”.

Haruhiro y los demás temblaron.

¿Qué tan peligroso es este lugar…?

Resultó que era muy peligroso. Tan pronto como llegaron hasta el final del camino de la carretera y entraron en la ciudad, un par de criaturas humanoides que estaban encorvadas tanto como les era posible, y aún así más altas que Kuzaku, se les acercaron para pelear con ellos.

No sabían lo que decían, pero estaba claro que estaban lanzando algún tipo de acusaciones falsas. Uno de ellos saltó de un lado a otro delante del señor Unjo, haciendo sonidos burlones y aplaudiendo. El otro seguía acercándose a la cara de Shihoru, haciendo sonidos agudos, jeje, jeje, jeje.

Shihoru prácticamente estaba llorando. Haruhiro quería ayudar, pero si miraba con ira a esas criaturas y decía, Hey, déjala, haría estallar una pelea en ese mismo instante. Shihoru debía sobrellevarlo, y los demás tenían que tolerarlo.

Finalmente, cuando parecía que los dos se habían ido, Yume soltó un grito extraño. “¡Yow!” Cuando Haruhiro la miró, se estaba frotando la nuca. Alguien le había tirado una piedra, y la había golpeado.

“¡¿Yume?! ¡¿Estás bien?!” Ranta miró a su alrededor. “¡Maldita sea! ¡¿Quién hizo eso?!”

“¡Para!” Merry golpeó rápidamente a Ranta en el hombro con su cetro. ” Es una obvia provocación. No caigas en su trampa tan fácilmente.”

“Merry, ¿seguro que no eres tu quien intenta provocarme?” Ranta contestó. “Eso duele bastante, en estos momentos…”

“Oh, ¿Lo hice?” Merry lo ignoró ligeramente. “Yume. Sé que debe doler, pero ten paciencia. Te curaré más tarde.”

“Meowwwww. Gracias. Esta pequeña cosa vino volando, y luego, bam, simplemente fue una sorpresa. Sólo hay una pequeña hemorragia. Yume va a estar bien”.

“¡¿Estás sangrando mucho?!” Ranta continuó mirando hacia abajo, chasqueando la lengua. “Esos imbéciles creen que pueden meterse con nosotros. Les arrancaré miembro por miembro. En serio…”

“Nunca aprende…” Kuzaku tenía una leve sonrisa irónica.

Shihoru rió fríamente. “Por supuesto que no. Es Ranta.”

“¿Y qué si soy yo? ¡¿Bien, Tetas Torpedo?! Te tocaré! ¡No, déjame tocarte!”

“Hombre…” Haruhiro empezó, pero decidió que sería estúpido relacionarse con él, así que cerró la boca.

Después de eso, también hubo frecuentes provocaciones por parte de los habitantes. Los acosaban e insultaban, les tiraban cosas, bloqueaban el camino, y eso era lo de menos.

Había algunos que de repente los hacían tropezar, y otros que incluso llegaban hasta el punto de atacarlos. Por mucho que los ignoraran, esquivaran y evadieran, estos asaltantes aparecieron uno tras otro. Fue agotador tanto a nivel físico como emocional.

Si el Sr. Unjo no hubiera estado allí, habrían huido de la ciudad a los pocos minutos de entrar en ella, o se habrían metido en una pelea.

¿Haruhiro y los demás estaban siendo molestados por ser forasteros? Parecía que ese no era exactamente el caso. Hubo enfrentamientos violentos uno contra uno, uno contra muchos y muchos contra muchos por toda la ciudad, e incluso escuchaban de vez en cuando lo que sonaba como gritos escalofriantes de muerte. Era difícil de creer, o al menos no querían creerlo, pero las personas no sólo se lesionaban, sino que también morían. ¿Qué le pasaba a esta ciudad…?

Fue en tal estado de caos que estallaban revueltas en las calles principales con considerable frecuencia, y los espectadores jugaban los resultados.

El Sr. Unjo se alejó de las calles principales, llevando a Haruhiro y a los demás hacia los callejones. Estas rutas eran un poco mejores. A ambos lados del camino, que era algo estrecho, de unos dos metros de ancho, había gente de varias razas arrodilladas. Decían cosas con voces patéticas, extendiendo sus manos. Si Haruhiro bajaba la guardia, le jalarían del abrigo. Por lo que pudo ver, muchos de ellos estaban heridos. Probablemente sean mendigos. Eran pesimistas, deprimentes, y al poco tiempo se hartó de ellos, pero era mejor que las calles principales donde todo el mundo tenía ganas de pelear, y se producían constantes muertes.

Sin embargo, ¿podrían vivir así? Había quienes estaban claramente al borde de la muerte, o no se movían en absoluto, y el hedor de algo pudriéndose flotaba en el aire. Al parecer, varios de ellos no habían podido sobrevivir así, y ya no se encontraban entre los vivos.

“No toques nada de esta ciudad que no necesites. Tampoco permitas que alguien te toque”. El Sr. Unjo evitó las manos de los mendigos mientras decía eso. “No querrías atrapar algo. No puedo decir que las enfermedades mortales no sean comunes aquí.”

“Vaya…” Murmuró Ranta. Incluso Ranta, que era una plaga en sí mismo, parecía tener miedo de enfermarse.

Naturalmente, Haruhiro también tenía miedo de las enfermedades. Merry había aprendido Purificar, un hechizo para eliminar el veneno, que también funcionaba en algunas enfermedades. Algunas es el término correcto. Los resfriados comunes, por ejemplo, no podían curarse con magia. Si se enfermaran, tendrían que depender de la medicina que pudieran conseguir, así como de su propia resistencia y fortaleza mental para superarlo. Haruhiro sabía muy bien que su cuerpo no era especialmente resistente, y que tampoco era de voluntad fuerte. Cuando se trataba de enfermedades, la prevención era la mejor medicina.

Mientras se movían entre los mendigos de los callejones, chocaron con una torre que no era especialmente alta, de unos cinco metros de altura. El Sr. Unjo usó el picaporte metálico de la puerta. Poco después, la puerta se abrió.

Una mujer de piel blanca casi translúcida que llevaba una túnica marrón emergió. Su cabello alisado era gris. ¿Era humana? No, no lo era. Parecía humana, pero sus ojos carecían del blanco. Parecía que alguien le había metido esferas de vidrio en las cuencas de los ojos. Además, tenía tres orificios en cada mejilla, que se abrían y cerraban ligeramente. Eran casi como branquias.

“Unjo,” dijo la mujer antes de mirar a Haruhiro y a los demás con sus ojos vidriosos. “¿’Akuaba’?”

“Moa worute”. El Sr. Unjo hizo un gesto con su barbilla, como diciendo, Déjanos entrar. La mujer no solo dejó entrar al señor Unjo, sino también a Haruhiro y al resto, a la torre.

El techo se veía alto. ¿Estaba despejado hasta el techo? Las paredes eran casi en su totalidad estanterías. Los estantes contenían placas de arcilla y piedra, armas y armaduras, algún tipo de equipo, objetos que parecían estar fuera de lugar, plantas en macetas y más. Había lámparas por doquier, así como escaleras y taburetes.

“Esta es Rubicia”, presentó el Sr. Unjo.

La mujer presionó las manos frente a su pecho y se inclinó ante ellos. Así es como saludaban a la gente aquí.

“H-Hola”. Haruhiro intentó imitar a Rubicia. “Soy Haruhiro.”

“Soy Ranta”. Ranta cruzó sus brazos arrogantemente. “¡Me llaman Ranta-sama!”
“Kuzaku”. Kuzaku inclinó un poco su cabeza.

“¡Yuu-mee!” Dijo Yume en voz alta, pronunciando claramente, y luego sonrió. “Ehehe.”

“…Soy Shihoru.” Shihoru imitó a Rubicia como lo había hecho Haruhiro.

“Soy Merry.” Merry hizo una reverencia apropiada. “Encantada de conocerte, Rubicia-san.”

Rubicia asintió lentamente, intercambiando unas palabras con el Sr. Unjo antes de descender por las escaleras junto a la pared. Aparentemente había una habitación en el sótano.

“Es un lugar seguro”. El Sr. Unjo dejó su mochila en el suelo. “Si quieres descansar, descansa. Rubicia nos traerá agua pronto. El agua no está infectada ni contaminada. No te preocupes.”

“¡Bien!” Ranta se sentó inmediatamente. “Vamos, si tienes una casa segura como esta, avísanos antes, Unjo-saaaan, caray. Por cierto, ¿qué pasa con Rubicia? ¿Ella es tu…? Ya sabes. Nah, de ninguna manera…”

“Sí”, respondió el Sr. Unjo. “Rubicia es mi esposa.”

Haruhiro no pudo evitar susurrar, “Wow…”

 

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s