Grimgar Vol 6, Extra: “Relatos Cortos”

La bestia que en un futuro cercano traerá la destrucción

Los colores del crepúsculo que tiñeron los cielos fueron la prueba del final.

“A su debido tiempo, el rey oscuro de los demonios nacerá, y el mundo se sumirá en la oscura desesperación….”

El hombre que se escondía bajo el pseudónimo de Inui en el mundo actual miró hacia el cielo de Alterna, la ciudad de la destrucción.

“Heh….” Se aclaró la garganta y sonrió burlonamente.

La campana sonó, marcando el momento de la perdición. Sin darse cuenta de su inminente destrucción, las masas insensatas se dedicaron a sus labores mientras soplaba el viento de la profecía.

“Parece que soy yo, y solamente yo, quien conoce la verdad de este mundo material…”

Con un toque de soledad, Inui entró al callejón.

“Parece que no son tan fáciles de encontrar…. mis predestinados compañeros, a los que estoy atado por los lazos de nuestra vida pasada…”

De repente, sintiendo la mirada de otro sobre él, Inui levantó la vista. La bestia negra le miró fijamente desde lo alto del edificio que daba al callejón. Ojos color ámbar. Pupilas redondas del color de las tinieblas.

“Tú… no podrías ser…” Dijo Inui en voz baja.

“Meow”, respondió la bestia negra con voz ridícula.

“Su habitual forma falsa, ya veo”, comentó Inui. “¿Pensaste que me engañarías?”

“Meeeeow.”

“Buscas una batalla, ¿no? Heh…. Admiro tu coraje…” Inui agitó la mano hacia la bestia. “Ven. Ven hacia mí. Me enfrentaré a ti.”

La bestia negra agachó la cabeza, desapareciendo de su vista. ¿Había sentido su inminente derrota y huyó? Entonces, no era estúpido, a diferencia de aquellos humanos ignorantes. Inui frunció el ceño y agitó la cabeza. Estaba a punto de darse la vuelta y marcharse.

Fue entonces cuando ocurrió. Con un suave aterrizaje, la bestia negra descendió de algún modo, y luego se le acercó.

“¡Lo sabía…!” Inui abrió ampliamente el ojo que no estaba cubierto por su parche. Lentamente bajó sus caderas, y extendió su mano derecha hacia la bestia negra. “Soy muy consciente de sus debilidades. ¿Realmente crees que serás capaz de vencerme?”

La bestia negra se detuvo, dudando. Tal vez por temor. Por supuesto, debe temer a Inui, no cabe duda. Sin embargo, la bestia negra aún lo desafiará. Inui había enfrentado innumerables batallas como ésta. Podía deducir estas cosas.

Resultó tener razón.

La bestia negra caminó cuidadosamente hacia delante, acercando su nariz a la mano derecha de Inui. Cuando Inui extendió su dedo índice, la bestia negra lo olió. Luego se frotó la barbilla contra el dedo de Inui. Su garganta emitió un ronroneo suave. Inui sonrió.

“Nunca podrías derrotarme… Heh…. Heheheh….. Hahhhh! Ha, ha, ha, ha, ha, ha…”

Sin embargo, quizás había bajado la guardia. Mientras Inui acariciaba el cuello de la bestia negra, se volvió para mirar detrás de él. Sus ojos se encontraron con los de otro.

“…Refuerzos, ¿no es así?”

Había una bestia blanca, varias bestias desnudas, y una enorme negra. Se acercaron a Inui sin miedo. ¡Qué audaces!

“¿Crees que puedes derrotarme si confías en los números?” Preguntó Inui. “¡Me tomas demasiado a la ligera! ¿No pensaste que prevería tu plan y me prepararía?”

Inui rápidamente cogió a la bestia negra, sacando varias tiras de cecina [1] de su bolsillo. En los ojos de las bestias reinaba el hambre.

“Conozco bien sus hábitos. Conócete a ti mismo, conoce a tu enemigo, y no tendrás que temer el resultado de cien batallas”. [2]

Las bestias se amontonaron alrededor de la cecina que él les arrojó. La bestia negra sostenida en los brazos de Inui forcejeó, deseando algo de cecina para sí misma.

” Ten paciencia… También tengo algo para ti”.

Inui sacó más cecina de su bolsillo y se la dio a la bestia negra en su pecho. La bestia negra debe haber estado hambrienta, ya que olvidó que estaba siendo cargada por Inui, sin protestar cuando la acarició por todas partes. En vez de eso, se alimentó codiciosamente de la cecina.

Inui entrecerró el ojo derecho. “Al final, no fuiste rival para mí…. Y eso fue todo al final. Meh….”

“Meow”.

“Meeeeow.”

“Mrrrow”.

“Meow”.

“Meow”.

“Meow”.

Voces. Voces. Voces. Voces…. Las voces procedían de todas las direcciones.

Inui miró a su alrededor. En el techo, al otro lado del callejón, y también en el lado opuesto, habían bestias, bestias, bestias y bestias. Había más de diez… no, había decenas de ellas. Sosteniendo a la bestia negra que aún estaba absorta con su cecina, Inui metió su mano en el recipiente.

“… Por lo que veo, la batalla no ha hecho más que empezar. Heh.”

 

Aun así…

“Ta-dah! ¿Quién está aquí? ¡Hola, soy yo, Kikkawa! Si! ¿Eh? ¿No te gustó eso? ¿Discúlpeme? Wow! Bueno, lo que sea, entonces seguiremos adelante. ¿Qué, qué? ¿Te vas de viaje? ¿Te vas a ir? Como que, de ninguna manera. Como, ¿en serio? Está bien, de acuerdo. Lo entiendo. Luego. Tal vez la próxima vez, ¿de acuerdo? Mañana, ¿de acuerdo? ¡Mañana! Ciao! ¡Te quiero! ¡Te echo de menos! ¡Adiós, adiós! ¡Realmente, realmente te quiero!”

Kikkawa sonrió mientras veía a las dos mujeres marcharse, y luego guiñó un ojo a Ranta que regresó corriendo.

“¡Perdón, perdón! ¡Me rechazaron de nuevo!” Dijo Kikkawa. “Estoy, algo así como, totalmente colgado hoy. Ya son siete seguidas. ¡Vamos por diez! Si! Diez, diez, dieeeez!”

“…Hombre, con todas las veces que te han rechazado, me sorprende que puedas seguir adelante con tanta fuerza,” contestó Ranta.

“¿Eh? Bueno, la próxima podría decir que sí, ¿no? Puede que haya una lindura aún más linda ahí fuera, esperándome, ¿sabes? Cuando lo piensas de esa manera, ¿no te excita? ¡Quema, quema, quema! Bien, para la próxima, Ranran, ¡serás mi piloto! Hagámoslo!”

“Yo… preferiría no hacerlo”, dijo Ranta.

“¿Por qué, por qué, por qué? ¿Cómo es eso, cómo es eso?”

“… De alguna manera me siento exhausto. Quiero decir, ¿cuál es tu tasa de éxito, de todos modos?”

“Hmm. Me pregunto. No cuento, así que, no sé, amigo. A veces consigo a alguien en el primer intento, a veces me paso toda la noche sin hacer nada. Bueno, así son las cosas, supongo. ¿Qué hay de ti, Ranran?”

“Yo no… Espera, espera, espera. ¿A quién llamas Ranran?”

“Ranran-ra-ran! ¿No suena divertido? ¡Siéntelo! Yay! Así, así, así, así, Ranran, ¿qué hay de ti? ¿Cuál es tu tasa de éxito?” Preguntó Kikkawa.

” Yo… Bueno, ¿sabes? Cuando las consigo, las consigo, cuando no, no las consigo, supongo…”

“Igual que yo, ¡eh! ¡Somos como pájaros del mismo plumaje![3] Yay! ¿Y bien? ¿Te apuntas para la próxima?”

Ranta lo rechazó.

Hubiera sido incómodo volver a casa, así que los dos decidieron beber. Escogieron el bar al que Renji le había llevado al borde del Callejón Celestial. Era pequeño, pero tenían una buena variedad de bebidas. Era un lugar agradable.

“Ooh, Ranchicchi, bebes en lugares como este, ¿eh?” Dijo Kikkawa. “Tan maduro. Eres como un adulto. Eres genial. ¡Eres el mejor!”

“¿Te estás burlando de mí, amigo?” Preguntó Ranta.

“No, hombre, es un buen lugar. ¡Eh, camarero, tomaré uno de lo que me sugieras! Algo que sepa bien! Nada muy fuerte, tal vez. ¡Iré con eso!”

“Brandy para mí”, dijo Ranta.

“¡Uau! ¡Brandy! Ranchicchi, ¡eres tan genial! Bueno, tal vez yo también… ¡no lo haré! ¡Algo más para mí, por favor! Sin embargo, no hay una razón real para ello”.

“…Kikkawa, hombre, tienes demasiada energía. Podría matarte, y probablemente seguirías en pie y en movimiento”.

“No, hombre, si me mataras, estaría bastante muerto….Oops.”

“¿Eh? ¿Qué?” Preguntó Ranta.

“No, lo siento. por, como, hablar sobre morir y esas cosas.”

“Ohh, eso. No hay problema, hombre. Quiero decir, yo soy el que empezó.”

“Bueno, sí, lo sé. Lo sé, pero aún así…” Kikkawa rechazó la bebida que le habían traído, y luego suspiró. “Realmente no lo entendí, sabes. La forma en que ustedes se sienten. Sí. Sigo pensando que debería haber sido más comprensivo. Fue sólo una vez que pasé por esa situación en la que parecía que estaba totalmente jodido. La idea de perder a alguien, da miedo, hombre. Ustedes han tenido que pasar por eso y superarlo. Es por eso, ¿verdad? El porqué nos salvaron.”

“…Quién sabe”, dijo Ranta.

“Pensé que tal vez podría ser eso.”

“Ustedes también nos han ayudado. Diría que estamos a mano.”

“¿Tú crees?”

“Así son las cosas. Así es la vida, hombre…. Paremos. No es divertido hablar de ello.”

“Sí.”

Kikkawa sonrió, levantando su vaso de vidrio. “Este va por mi cuenta. Déjame pagar la cuenta”.

“Más vale que lo hagas”. Ranta dio una risa nasal. “Entonces yo pagaré la próxima vez. Así es como funciona, ¿no?”

 

No puedo detener esto

“¿Crees que ese extraño Anciano huyó?” Tokimune se rió y ajustó el mango de su espada. Su escudo estaba en los alrededores. Ya no podía usar su mano izquierda, al igual que todo su brazo izquierdo.

“¿Quién sabe?” preguntó Tada. “A mí no me importa”.

Tada llevaba su espada de dos manos sobre su hombro. Su agitada respiración le hizo parecer menos como si estuviera deliberadamente bajando su centro de gravedad y más como si estuviera exhausto y eso lo forzara a hacerlo.

Estaban en las Minas de Cirene. No recordaba en qué capa. Ya sea que miraran hacia adelante, hacia atrás, hacia la izquierda o hacia la derecha, no había nada más que kobolds, kobolds y kobolds. En realidad podría ser que haya más kobolds mayores bien formados que los normales. Los dos estaban completamente rodeados.

Los kobolds estaban enfurecidos, sin embargo, no se acercaron a ellos. Incluso en su estado de euforia, se mantuvieron cautelosos. Hubieron un gran número de patéticos kobolds que se abalanzaron sobre estos dos humanos, sólo para ser derribados de un solo golpe cuando lo hicieron.

“Tada”, dijo Tokimune.

“¿Qué?”

“Me he estado preguntando, hombre, eres un guerrero, así que ¿por qué no te pones un casco?”

” Ey, amigo, eres un paladín, así que ¿por qué no lo haces?” Tada le replicó.

“Bueno, es restrictivo, así que no me gusta.”

“Bueno, soy fuerte, así que no necesito uno.”

“Tiene sentido”.

“…Además, no puedo ver tan bien sin mis gafas”, confesó Tada.

“Ohh. Sí, las gafas y los cascos no encajan muy bien juntos”.

“De cualquier manera, no necesito uno.”

“Eres un hombre testarudo, Tada.” Tokimune se rió y giró la cabeza. Los kobolds aún no habían atacado. “Están asustados, eh. Por nosotros. Hey, Tada. ¿Estás listo para una competencia? ¿A ver quién puede matar más?”

“Ni hablar”.

“¿Eh? ¿Por qué no?”

“Sé que ganaría. No tiene sentido. Hagamos algo mejor”.

“¿Qué?” Preguntó Tokimune.

“Veamos quién puede salir primero de las Minas Cirene”.

“Me gusta. Me apunto”.

“Ganaré”. Tada se acercó y se inclinó hacia abajo con su espada de dos manos. Se escuchó un aullido. Un Kobold colapsó.

Sin ser golpeado, Tokimune corrió hacia delante, metiendo su espada en la boca de un kobold. No tardó mucho en perder de vista cómo luchaba Tada. Después de que Tokimune derribase al kobold, usó su cuerpo como escudo de carne mientras mataba a otro.

“¡Ja, ja, ja! Ha ha ha!” Podía oír a Tada riéndose.

Se estaba divirtiendo tanto que, mientras estaba casi enterrado en la pila de cadáveres de los kobold, Tokimune sonrió. Con una sonrisa, golpeó con su espada por un hueco en los cuerpos.

“¡Gah….!”

Esa era la voz de Tada. Tokimune se volteó para mirar. Tada estaba en cuatro patas. ¿Había sido golpeado? Será mejor que lo ayude, pensó Tokimune, pero no pudo llegar hasta allí por medio de los cuerpos.

“¿No ibas a ganar esto, Tada?”, gritó.

Tada intentó levantarse. No funcionó. No fue lo suficientemente rápido. Un Kobold mayor alcanzó a Tada.

Alguien agarró violentamente a ese kobold mayor por detrás, rompiéndole el cuello.

“… ¡Anciano!” Gritó Tokimune.

“Mi nombre es Inui!” El ladrón, Inui, que parecía un tipo de mediana edad si alguna vez existió uno, rompió el cuello de otro kobold. “¡Soy Inui el Señor Demonio! ¡Contemplen mi supremacía!”

“¡No tienes sentido!” Tada se tomó su tiempo para levantarse, y luego blandió su espada de dos manos para cortar kobolds. Tokimune también apartó a un lado esos cuerpos, pateando a un kobold y apuñalándolo con su espada.

“Por ser tu anciano, creímos que nos habías abandonado”. Gritó Tokimune.

“¡El Señor Demonio nunca huye! ¡Nunca le hace favores al curry! “¡Rollo de mantequilla!” Inui parecía estar en un extraño estado mental. Se paseaba por ahí rompiendo cuellos de Kobold, uno tras otro. ” ¡Además! ¡Sólo tengo 20 años! ¡No soy un anciano!”

“¿En serio?” Tokimune estaba tan sorprendido que se quedó inmóvil durante un segundo. No es bueno. Estaba muy abierto. Sin embargo, los kobolds no lo aprovecharon. Inui y Tada estaban tan alborotados que no tuvieron tiempo de hacerlo. Naturalmente, Tokimune no tenía intención de dejar que esos dos se divirtieran.

“¡Inui! Entra también en esto”, gritó. “¡El primero que salga de las Minas de Cirene gana! ¡¿Entendido?!”

“¡Que las tinieblas de la decadencia se extienda por el amanecer del mundo! ¡Yo, el Señor Demonio, saldré victorioso!”

“¡Voy a ganar!” Tada gritó.

“Nuh-uh! ¡Soy yo quien va a ganar!” Tokimune contestó.

 

Enciclopedia de bestias extrañas y exóticas

“¿Qué demonios?”

Anna-san se agachó, abatida. Estaba sola en la Antigua Ciudad de Damuro. Quizás alejarse de sus compañeros para hacer sus necesidades había sido una mala idea. ¿Pero qué más podría haber hecho? El estómago de Anna-san la había estado molestando desde que despertó. En otras palabras, les había dicho que iba a orinar, pero existía el riesgo de que no terminara así. Como tal, no podía hacerlo bien estando cerca.

Después de todo, Anna-san es una dama, ¿yeah? ¿…Yeah?”

Lo que es más, le había llevado mucho tiempo. Pero no pudo haberse detenido a la mitad y volver a pedirles que la esperaran. Eso habría sido muy incómodo. Además, aunque los llamaba compañeros, no era como si fuesen cercanos. Fue un grupo que parecía una mezcla de personas sobrantes, una que ni siquiera se había formado hace mucho tiempo.

Habían pasado poco más de treinta días desde que ella llegó a Grimgar. Anna-san había pasado por varios equipos. Ya sabía el por qué. Por su vocabulario. No estaba claro por qué, pero aunque podía entender más o menos todo lo que los otros soldados voluntarios y residentes de Alterna decían, no podía hablar el mismo idioma que ellos muy bien.

No había nadie más como Anna-san. Esto fue chocante, y creó una situación difícil. Aun así, Anna-san intentó expresar lo que pensaba. Se sentía incómoda si no lo hacía. Sin embargo, no importa lo que ella dijera, nadie trató de entenderla.

Pocos la rechazaron abiertamente, pero a todos les disgustaba tener a Anna-san cerca, y la trataron como una molestia. Si ella protestaba por el trato injusto, las cosas sólo empeoraban y, en última instancia, el equipo se desintegraba. Sin embargo, más tarde, Anna-san descubrió que, a veces, todo el mundo, excepto ella, volvía a trabajar en equipo. En otras palabras, habían cooperado para realizar la ruptura del equipo sólo para librarse de ella. No tuvieron que tomarse tantas molestias. Podrían haber echado a Anna-san. ¡Gracias por nada!

Ella sabía lo que pasaba. Esta vez había sido diferente, pero sucedió lo mismo. Anna-san estaba estorbando a sus camaradas. Por eso, cuando Anna se fue a orinar sola y no regresó al cabo de un tiempo, se lo tomaron como su señal para marcharse. Anna-san se había quedado atrás. En medio de la Antigua Ciudad de Damuro, infestada de goblins. Básicamente le habían dicho que se fuera al infierno. ¡Esos falsos!

Se oyó un ruido detrás de ella. Anna-san se giró y miró sorprendida. Cuando vio lo que parecía un goblin a lo lejos, entró en pánico y rápidamente intentó esconderse bajo la sombra de un edificio cercano. Durante un tiempo, contuvo la respiración y se quedó quieta. Cuando se asomó tímidamente, el goblin ya no estaba por ningún lado. Se sintió aliviada, pero luego le empezó a doler nuevamente el estómago.

Ow… Wow…. No…. Dolor de estómago…”

Anna-san sudó profusamente y se retorció de dolor. Al hacerlo, pensó que había oído un ruido parecido al de la respiración. Cuando se giró para mirar, preguntándose qué era, se encontró con aquel goblin a su lado, cuya espada estaba alzada sobre su cabeza. Estaba a punto de golpear a Anna-san.

“…Oh, Dios mío!”

Nunca se le ocurrió huir. Su mente se quedó en blanco. Anna-san estaba a punto de ser asesinada antes de que tuviera tiempo de pensar: “Estoy muerta”.

Hasta que una mujer cortó al goblin, o más bien lo trituró con su espada. “¡Ja!”

En el equipo, había una guerrera terriblemente grande. Llevaba un yelmo con cuernos, una cota de malla y era la más alta del equipo a pesar de ser mujer. Esa guerrera surgió súbitamente detrás del goblin.

Lo golpeó en la cabeza con la parte plana de su espada, y por alguna razón, no con el filo de la hoja. Fue un swing increíblemente fuerte. Eso solo significaba que era mucho mas poderosa, debido a que el goblin fue arrastrado hacia un lado y cayó al suelo. La guerrera dio un salto hacia arriba y pisoteó la cabeza del goblin. Hubo un sonido húmedo cuando la cabeza se hundió y la sangre salpicó sobre ella. Incluso llegó a la cara de Anna-san.

Qu-…. Qu-… Qu-… ¿Cómo…?” Anna jadeó.

“¿Estás bien?” Sin ninguna expresión en su rostro, la guerrera le ofreció la mano a Anna-san. Ella estaba temblando, así que la mujer la agarró del brazo, la haló, la levantó y luego la cargó. “No te ves bien.”

” T-Tú… ¿Qué-…?” Anna-san balbuceó.

“Que criatura tan linda”, dijo la guerrera. “Estaba preocupada, así que te fui a buscar.”

¿Esperaba al desertor? La guerrera dijo algo que le pareció una tontería a Anna-san, y luego frunció un poco el ceño.

“Los demás se marcharon. Esas basuras inútiles. Estoy harta y enferma de ellos.”

“Por qué, tú…” dijo Anna-san.

“Eres linda. Estaba preocupada.” La guerrera comenzó a caminar, aún cargando a Anna-san. “Llámame Mimorin.”

“… ¿Mimorin?”

“Sí. Mimorin. Y tú eres Anna-san. ¿Bien?”

“… Bien”, dijo Anna-san.

Mimorin sonrió un poco.

Anna-san siguió mirando a Mimorin durante mucho tiempo.

 

La Yorozu Dormiente

La Compañía de Ahorros Yorozu operaba todo el año, sin tomar vacaciones, desde las siete de la mañana hasta las siete de la noche. En cualquier momento, por cualquier motivo, la 4ª Yorozu se quedaría esperando en su ventanilla para ocuparse de los negocios.

Siempre hubo un flujo constante de clientes, o eso es lo que a ella le hubiera gustado decir, pero en ocasiones, hubo momentos en que se encontraba extrañamente muerto.

Yorozu se sentó detrás de la barra en su silla personal de cuero. Llevaba un traje rojo y blanco acentuado con oro que había sido confeccionado específicamente para ella, así como un monóculo con bordes dorados. También tenía una pipa de oro.

La 4ª Yorozu estaba preparada, con cierto aire de serenidad. Por supuesto que sí. Porque ella era una Yorozu. No importa lo que pueda pasar, o cuando, una Yorozu siempre tenía que ser capaz de responder con un agudo ingenio. Aunque tuviera “tiempo libre”, eso no cambiaba nada. Una Yorozu debía aprovechar apropiadamente ese “tiempo libre”. Sí, por ejemplo, esta vez, la actual Yorozu estaba pensando en su predecesor.

El anterior Yorozu había sido su bisabuelo. Había permanecido en servicio hasta la edad de 92 años, reinando desde su gloriosa posición en la ventanilla de la Compañía de Ahorros Yorozu. Entonces, solo medio año después de ceder su puesto a la 4ª Yorozu, había muerto por causas triviales. Siguiendo la voluntad de su bisabuelo, ella había heredado su posición y se había convertido en la 4ª Yorozu.

Había existido cierta resistencia dentro de la compañía a la idea de que una joven como ella se convirtiera en Yorozu. La verdad es que incluso su propio padre y abuelo se opusieron a su bisabuelo sobre esto. Sin embargo, su bisabuelo se había mantenido firme. La razón fue clara. Comparada con su padre, su abuelo y sus hermanos mayores, o con el secretario principal, los vendedores, los aprendices, comparada con cualquier otra persona, ella era la más apta para ser una Yorozu. Por eso se había convertido en la Yorozu. Estas mismas palabras de su bisabuelo fueron grabadas en el fondo de su mente:

Uno no se convierte en un Yorozu. Uno no puede convertirse en un Yorozu. Un Yorozu nace siendo un Yorozu.

Ella entendía bien lo que su predecesor había querido decir. Porque hasta donde ella podía recordar, ni una sola vez había olvidado algo. Cuando se dio cuenta de que su memoria era extraordinariamente buena, se había preparado para convertirse en la Yorozu. Sólo su bisabuelo sabía lo preparada que estaba. Su padre, su abuelo, sus hermanos mayores… nadie más lo sabía. Eso fue porque su bisabuelo era igual que ella. Un Yorozu conoce a otro Yorozu. Nadie más que un Yorozu puede entender a otro.

Parecía que, mientras abrazaba los recuerdos de su predecesor, con quien había compartido una cercanía única y absoluta, y por quien sentía un afecto ilimitado, los Yorozu, entre todas las personas, se habían quedado dormidos en su puesto.

Cuando abrió los ojos, vio a un joven con una cara bastante monótona y ojos soñolientos parado allí ociosamente.

“¿Q-qué estás haciendo, insolente?” exigió la Yorozu.

“…Uh, se veía como si estuvieras tomando una siesta. Me pareció que lo estabas disfrutando, así que me habría sentido mal despertándote”.

“No estaba haciendo tal cosa. Los Yorozu no duermen siestas.”

“¿Es así?”, preguntó el insolente.

“D-Desde luego. Los Yorozu son Yorozu, lo ves.”

“Wow… Eso debe ser duro. Quiero decir, en una tarde como esta, te da mucho sueño, ¿no?” Cuando el insolente se cubrió la boca con una mano mientras bostezaba, por poco también le dio ganas de bostezar a la Yorozu.

La Yorozu golpeó su pipa dorada en el mostrador. “Los Yorozu no tienen sueño, y no tienen tiempo libre para perderlo en bromas ociosas. ¡Dime a qué te dedicas, insolente!”

“A mí me parece que estás muy cansada”.

“¡Tu negocio!”

“Claro…. Un momento, ¿cuánto tiempo vas a seguir llamándome ‘insolente’?”

“¡Por siempre! Mientras la 4ª Yorozu siga siendo una Yorozu, Haruhiro, tú siempre serás el insolente”.

“Whaa…” El insolente se rascó la nuca y suspiró. “Bueno, supongo que está bien.”

 


Notas de Traducción:

[1] Cecina: es un tipo de carne deshidratada de origen español, similar al jamón pero realizada mediante el curado de carne. También se la conoce como Carne seca.

[2] Referencia a la Frase de Sun Tzu, en el libro “El arte de la guerra”.

[3] La frase hace referencia a la película británica Birds of a Feather, su significado es que las personas con alguna característica similar se unirán para actuar, solo un dato extra, la película trata sobre dos hermanas y sus problemas amorosos en una historia llena de drama y situaciones que llevan a las personas a actuar bajo sus intereses y deseos.

 

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