Grimgar Vol 4, Prologo: “Se veia como…”

Se veía como los sirvientes del orco habían sido asesinados. Shihoru lloraba lágrimas de alivio y Yume la abrazaba, diciendo: ” Ya, ya, ya. Lo hiciste muy bien. Muy bien,” mientras le daba palmaditas en la cabeza.

“¿Puedes levantarte?” preguntó Merry.

Si… no, no puedo. Haruhiro estaba a punto de decir esa mentira, porque parecía que Merry le trataría con delicadeza si lo hacía. Pero no lo hizo.

“Puedo arreglármelas, eso sí”, dijo Haruhiro, levantándose. “Aunque, en realidad, antes de que me ayudes…”

¿Por qué se quedó allí parado? Se preguntó Haruhiro.

Todos bailaban, charlaban, dejaban que su sacerdote los tratara, o hacían algo, pero Moguzo estaba allí de pie.

Hay algo raro en eso, pensó Haruhiro.

Moguzo no estaba sosteniendo su espada. Tenía los brazos caídos a los lados.

Pero es increíble que esté de pie, pensó Haruhiro. Me sorprende que pueda estar de pie. Que se las arregló para mantenerse de pie. Especialmente en ese estado. Como, su casco, no sólo está aplastado, sino que ni siquiera está bien puesto. También hay sangre goteando de él aquí y allá.

De pronto, Moguzo se cayó lentamente. Como cuando algo grande y pesado repentinamente pierde su sostén y se derrumba. Esa fue la clase de caída que tuvo.

Merry trago.

“… ¿Moguzo?” Cuando Haruhiro dijo su nombre, Moguzo lentamente se puso en pie. “¿Qu-Qué fue eso?”

Haruhiro se calmó, suspirando. Eso me sorprendió. Por un momento, entré en pánico. Creí que había pasado algo que no podríamos permitir que ocurriera. Aunque no hay forma de que hubiera sucedido.

“No me asustes así, Moguzo”, dijo.

“Lo siento, lo siento”. Moguzo soltó una risa avergonzada y se rascó la parte posterior de su cabeza.

Aun así, seguro que está sangrando mucho, pensó Haruhiro. Con toda esa sangre, es imposible saber qué clase de cara está poniendo. Pero, bueno, parece que está bien de alguna manera.

“Gracias a Dios…” Susurró Haruhiro, cerrando los ojos.

Se cubrió su rostro con las manos. Creo que voy a llorar.

“De verdad, gracias a Dios…”

En serio, no sé qué habría hecho. Si eso ocurriera, estaríamos jodidos. Tan jodidos.

Aunque nunca sucederá.

Como que, de ninguna manera. No podía. De ninguna manera.

“Gracias a Dios…”

Creo que voy a llorar. Espera, no, ya lo estoy haciendo. Tengo las manos mojadas. Las manos cubriendo mi cara. Me siento así de aliviado. En serio, qué alivio. Gracias a Dios. Sólo gracias a Dios. Honestamente, pensé que se había muerto. Creo que recuerdo vagamente haber tenido un sueño como ese. Aunque no sé cuándo habría tenido tiempo para un sueño así. Me pregunto. ¿Fue algo así como un sueño profético? ¿Tal vez tuve un sueño como ese anoche? ¿Un sueño en el que no se encontraba bien? Eso es muy raro. Tener un sueño como ese. Es extraño. De todos modos, gracias a Dios. Moguzo está cubierto de sangre, pero, aun así, gracias a Dios. Por lo menos, me alegro de que esté bien.

“Gracias a Dios…”

Haruhiro escuchó una voz. Su propia voz. Movió las manos.

Oscuro. Está muy oscuro. Una habitación. Es nuestra habitación en la casa de hospedaje de los soldados voluntarios. ¿Estaba durmiendo? Estaba dormido. Eso significa que…

No quería pensarlo. Pero…. quería comprobarlo, tenía que hacerlo, así que se sentó.

Había dos literas en esta habitación. Ranta usa la litera de arriba en la otra cama.

Ranta está allí. Está roncando. Y en la litera de abajo, no está allí. Nadie lo está. Está vacía.

Él no está allí.

Moguzo no está allí.

Ya no se encuentra aquí ni en ninguna parte.

 

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